SIMOF 2022 arranca con la ‘Historia de un vestido’

La ‘historia de un vestido’ ha servido como inspiración al diseñador y arquitecto Juanjo Montoya para la creación de la imagen de la nueva edición del Salón Internacional de la Moda Flamenca, SIMOF 2022

+ El cartel para la 27ª edición SIMOF es obra del diseñador y arquitecto Juanjo Montoya

Ya hay cartel para la 27ª edición del Salón Internacional de la Moda Flamenca, SIMOF 2022. Es obra del diseñador y arquitecto Juanjo Montoya y se ha presentado esta mañana en Centro Cerámica Triana de Sevilla. Y es que SIMOF 2022, la única cita oficial de moda flamenca, se celebrará entre los próximos 3 y 6 de febrero en FIBES, Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, después de haber cancelado su edición en 2021 por la incidencia de la pandemia de COVID-19.


El acto, en el que han estado presentes Fran Paéz, delegado de Economía y Comercio, Relaciones con la Comunidad Universitaria y Área Metropolitana del Ayuntamiento de Sevilla; Antonio Jiménez, director gerente de CONTURSA (Congresos y Turismo SA); y Raquel Revuelta, directora de la Agencia Doble Erre, coorganizadora de SIMOF; ha servido para presentar el cartel de la próxima edición de la cita, obra del diseñador y arquitecto Juanjo Montoya.



Tras haber realizado el cartel especial del 25º Aniversario de SIMOF, además de otras tres de ediciones anteriores, Juanjo Montoya aborda este quinto encargo como una catarsis personal convirtiéndolo en un bodegón lleno de elementos que ha extraído de sus propios recuerdos.


“Historia de un vestido”

Bajo el título “Historia de un vestido”, la pieza narra los pormenores de la confección de un traje de flamenca que él regaló a su madre, un diseño inspirado en un vestido que lució la artista Carmen Sevilla y que actualizó la diseñadora Virginia Vargas, a quien conoció entonces y actualmente es su mujer.


“Este storytelling tan íntimo refleja la experiencia de cualquier persona que alguna vez se haya hecho un traje de flamenca, desde que se elige la tela, pasando por el diseño y confección, la elección de los complementos, hasta que se viste, llenando su bolsillo de lo imprescindible para disfrutar de una experiencia única en aquel evento al que se acude a lucirlo”, explica el autor.


Así, llevando lo personal a lo universal, el cartel de Juanjo Montoya invita a vivir un SIMOF cercano y particular, un SIMOF que volverá a llenar de color y creación flamenca la pasarela de FIBES, con previsiones cercanas a los números con los que se cerró la edición de 2020.



SIMOF 2020 en cifras

La última edición del Salón Internacional de Moda Flamenca, SIMOF 2020, única feria oficial y con carácter internacional del sector, acogió a 72.300 visitantes en una edición marcada por la presencia de municipios y provincias de diferentes puntos de Andalucía, la internacionalización de la moda flamenca, la promoción del talento joven de esta industria y la profesionalización del sector.


Durante las cuatro jornadas que duró la feria, la zona expositiva (7.000 m2) acogió un total de 98 expositores. En total, los visitantes pudieron disfrutar de 42 desfiles profesionales en una pasarela donde se mostraron cerca de 1.700 trajes de más de 50 firmas de moda flamenca.


La edición 2020 también consolidó la iniciativa SIMOF Baila con la actuación de 26 escuelas de danza de Andalucía. De todo ello informaron los más de 200 profesionales de medios de comunicación acreditados.



Entradas ya disponibles

Las entradas para la 27 edición de SIMOF ya están a la venta en www.fibestickets.es con precios especiales de venta anticipada.



Historia de un vestido. Cartel SIMOF 2022, por Juan José Montoya

Mi madre siempre ha sido muy flamenca, no en el sentido artístico, sino en el social: le encanta la Feria. Desde siempre recuerdo sus visitas a las tiendas y a los talleres de las costureras para escoger el vestido de cada temporada.


Hace años, durante un almuerzo familiar surgió como tema de conversación el vestido para esa primavera y mi madre nos confesó que a ella, lo que de verdad le hubiera gustado cuando era joven, era vestirse como Carmen Sevilla en esas películas en las que aparecía guapísima y derrochando simpatía, como siempre ha sido Carmen. Le fascinaba su imagen, su belleza y su arte.


Como en cualquier tertulia familiar, empezaron a surgir opiniones de todo tipo, creyendo que entendíamos de moda flamenca, que si te va a sentar mal, que si no es tu estilo, que si no es lo más apropiado para tu edad… A mi me dio una idea que podría encantarle a mi madre: regalarle un vestido de flamenca basado en alguna película de su artista favorita.


Y no se me ocurrió nadie mejor que mi amiga Raquel Revuelta para pedirle que me recomendara a algún diseñador que quisiera aceptar el encargo. Dicho y hecho, tras llamarla y contarle la historia no dudó en recomendarme a una joven y prometedora diseñadora llamada Virginia Vargas que, seguro que aceptaría el reto, porque el proyecto, además, debía cumplir con dos condiciones. En primer lugar, que el vestido fuera una reinterpretación actualizada siguiendo las nuevas tendencias y, en segundo lugar, que mi madre pudiera escoger el tejido personalmente, decisión que había aprendido con el paso de los años, algo que corresponde a quien luce la prenda y que en repetidas ocasiones ella había dejado claro cuando visitaba los talleres.


Tengo que reconocer que Raquel Revuelta tiene un gran conocimiento en moda flamenca y una visión especial en muchas otras cosas, ya que más de veinte años después, Virginia y yo seguimos casados y disfrutando de su amistad.


Pero volviendo al vestido, nunca olvidaré la expresión de mi madre cuando acudió al estudio a recoger lo que le habíamos dicho que era una sorpresa familiar y pudo ver el diseño en el maniquí. Inmediatamente reconoció que el diseño se parecía a un traje que ella conocía, pero que era diferente, moderno y muy, muy exclusivo.


Se lo probó y, sin hablar, recuerdo su mirada en el espejo reconociéndose como esa niña que admiraba a Carmen Sevilla y que soñaba con acudir a la Feria tan guapa como ella. Tras guardar el traje en su funda y dirigirnos a casa para que toda la familia pudiera contemplarlo, Virginia se acercó y nos explicó que, en ese bolsillo interior, que todo traje de flamenca incluye para guardar lo imprescindible para cualquier mujer en una jornada de feria, había una sorpresa y que no lo abriéramos hasta el día de su estreno.


Para la curiosidad innata de mi madre no era lo mejor algo misterioso, pero supo contenerse hasta el día indicado. Al abrir la cremallera encontró una foto autografiada que decía: “Querida Lola. Espero que disfrutes de este vestido y de una Feria inolvidable. Tu amiga Carmen Sevilla”. Desde ese día, esa fotografía nunca ha abandonado ese bolsillo.


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