La izquierda y su censura: los menores de 16 años no podrán ir a los toros en Asturias
- BLOGENART magazine

- 6 jul
- 3 min de lectura
Actualizado: 18 jul
El pleno asturiano da luz verde en primera votación (23-22) a vetar el acceso de menores y el alcohol en las plazas. El texto sigue en comisión, pero el resultado político ya está escrito

Redacción BLOGENART magazine
LUNES | 06 JULIO 2026
Por un solo voto, Asturias avanza en la prohibición de acceso de menores de 16 años a los toros. Blogenart analiza el precedente: cuando el estado decide qué cultura hereda un hijo, no protege la infancia, sustituye a los padres. Editorial sobre los límites del poder legislativo.
El voto que decide
Un voto. Eso ha bastado en Asturias para que la Junta General dé luz verde a prohibir la entrada de menores de dieciséis años a las plazas de toros. 23 contra 22. El texto sigue en comisión, con diferentes comparecencias, pero la dirección política ya está marcada. Y con ella, la pregunta que de verdad importa: hasta dónde puede llegar el estado decidiendo qué cultura transmite una familia a sus hijos.
La aritmética de la mayoría
La aritmética habla sola. PSOE e IU han sacado adelante la reforma gracias al voto clave de la diputada del Grupo Mixto, exmiembro de Podemos, que ya no representa las siglas con las que llegó al escaño. No hay consenso social detrás de esta ley, hay una mayoría de circunstancia. Y esa fragilidad debería obligar a cualquier legislador serio a preguntarse si está regulando infancia o ejecutando una cruzada ideológica con la infancia como coartada.
El lenguaje del debate
El propio debate parlamentario lo confirma. Una de las promotoras comparó la tauromaquia con una exhibición pornográfica; otro diputado habló de acabar con una barbarie. Ese no es el lenguaje de quien protege a un menor, es el lenguaje de quien quiere borrar una tradición y ha encontrado en la infancia el envoltorio perfecto. La incoherencia de fondo sigue sin resolverse: a los catorce y quince años, el consentimiento de los padres puede autorizar una decisión irreversible sobre el propio cuerpo, como un aborto o un cambio de sexo registral. Para acompañar a esos mismos hijos a una plaza de toros, ese consentimiento no vale nada: la ley se lo quita a la familia por completo hasta los dieciséis años, calificando su sola presencia como infracción 'muy grave'.
PP, Vox y Foro han forzado semanas de comparecencias en la Comisión de Movilidad, obligando a la mitad del Gobierno de Barbón a rendir cuentas durante una sesión maratoniana. La izquierda lo llama dilación; la derecha, examen democrático necesario. Mientras tanto, un portavoz de Vox lo resume sin matices: cada familia debe decidir cómo educa a sus hijos, no un gobierno que impone un pensamiento único. Es, exactamente, la tesis de este editorial venga de donde venga.
El marco constitucional
La Constitución reconoce a los padres el derecho a que sus hijos reciban la formación acorde con sus propias convicciones. Asturias está poniendo a prueba, sin decirlo, hasta dónde llega ese derecho cuando choca con una mayoría parlamentaria decidida a legislar sobre cultura.
El trámite sigue abierto, pero la primera batalla ya tiene ganador. La pregunta que queda no es si Asturias cerrará esta ley, es qué comunidad sigue después, y si para entonces alguien recordará que educar a un hijo en su cultura es tarea de una familia, no de un parlamento que gana por un voto.
FOTOGRAFÍA
AI-generated image based on original sketches & ideas · EAC
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